En el siglo XIX Becquer nos regaló sus rimas. Ese libro donde el amor y el desamor son los grandes protagonistas. Dos emociones intensamente unidas que la mayor parte de las personas experimentamos a lo largo de nuestra vida.

Cuando iniciamos una relación de pareja todo parece tan sencillo. La ilusión por sorprender a la pareja, por hacerla feliz, hace que en ocasiones nos olvidemos de nosotros mismos y antepongamos la felicidad de la otra persona a la nuestra. Que fácil sería si siempre fuese así, pero de pronto, puede aparecer en la relación ese elemento capaz de dar al traste con todo lo construido hasta el momento.

El orgullo mal entendido.

Es bueno tener amor propio, afán de superación, luchar por uno mismo, sentirnos orgullosos de nuestro logros en la vida, todo eso contribuye a mantener una buena autoestima y conseguir ganarnos el respeto propio y ajeno. El problema es que con frecuencia confundimos este estado emocional positivo con otro mucho más radical y devastador, el orgullo.

Cuando el orgullo excesivo aparece se nos nubla la vista, interpretamos una frase de perdón, con debilidad, lo confundimos con ese sentimiento de inferioridad que se nos queda cuando el otro “gana” sin tener en cuenta que la relación de pareja no es una batalla entre dos bandos, sino un equipo de dos personas que han elegido luchar por construir algo juntos.

Actitudes que delatan el orgullo.

Podemos detectar actitudes donde el orgullo roza la soberbia y va desgastando la relación de pareja:

– Hablar siempre en primer lugar.

– No escuchar lo que la otra persona aporta.

– Considerar que todo lo suyo es perfecto.

– Ser inflexible cuando da una opinión.

– Pensar que siempre se tiene la razón.

– No tolerar que no se acepten sus ideas.

– Nunca pedir perdón o reconocer algún error.

– Utiliza frases del tipo: “No tienes ni idea, sólo dices tonterías, yo se lo que nos conviene…”

Consecuencias del orgullo.

Esta emoción llevada al extremo, es tan negativa que puede llevarnos al desgaste de pareja y a la ruptura definitiva. Cada vez que aparece el orgullo mal entendido, se abre una brecha en la relación, puede haber acercamientos después, pero si esa actitud altiva e inflexible aparece con frecuencia, la brecha va haciéndose mayor y la unión de la pareja desaparece.

Párate a hacer un análisis, reconoce cuando el orgullo está actuando, asume responsabilidades, practica la autocrítica y pide disculpas. Si reconoces estas actitudes en tu relación busca ayuda para pararlo a tiempo.
#adultos

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21 diciembre, 2020

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